Un total de 38 aerogeneradores de 14 parques eólicos de la provincia de Cádiz (33 molinos en Tarifa, dos en Los Barrios y tres en Medina Sidonia), detendrán su actividad hasta el próximo 15 de diciembre para evitar el impacto contra ellas de las aves que atraviesan la zona y que tienen durante estas semanas su mayor actividad migratoria. En lo que va de 2008 ya han perecido 79 buitres leonados, una de las especies más afectadas.
La delegada provincial de Medio Ambiente de la Junta en Cádiz, Gemma Araujo, anunció hoy que la Consejería de Medio Ambiente implantará “medidas pioneras” a nivel mundial para evitar la mortandad de aves al colisionar con aerogeneradores.
Esta paralización temporal se suma a las 908 órdenes de parada que se han emitido desde agosto de 2007, cuando comenzó el programa de vigilancia en los parques eólicos gaditanos y gracias al cual se ha reducido la mortandad de las aves en un 27% en el último año.
La Junta de Andalucía, junto a la fundación Migres, utilizan al buitre leonado en sus investigaciones como ave de referencia, ya que el 59,4 por ciento de las colisiones de los buitres con aerogeneradores se producen por esta causa. Las aves servirán como indicador global, estudiando su situación exacta, movimientos, costumbres y los problemas a los que se enfrentan, podrán conocer también el comportamiento de otras especies como el cernícalo o el águila culebrera que también sufren la amenaza de los molinos de viento.
Además, pretenden implantar nuevas medidas que garanticen la seguridad de las aves, ya que los métodos usados hasta ahora (cambiar el tipo de torretas por otras con palas tubulares, pintar éstas con colores vistosos para hacerlas más visibles, utilizar señales acústicas para ahuyentar a las aves a su paso por estas zonas) no han resultado del todo efectivas.
Éstas nuevas técnicas estarán basadas en el estudio de los itinerarios elegidos por las aves en sus migraciones para impedir que los molinos de viento se interpongan en su ruta. Para ello emplearán las últimas tecnologías para precisar las condiciones del viento y sus direcciones de modo que se pueda determinar dónde es más probable que ocurran los accidentes, implantando un dispositivo de autoparada al detectar la presencia de un ave o de un grupo de ellas a una distancia de 750 metros.
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